Y SINO ¿QUIËN FUE?
Avanzaba por una calle interna –no recuerdo el nombre- del centro comercial Puerto, cuando divise en el televisor de un local el título “Ultimo momento: asesinaron a un joven con una birome”. Podría ser tranquilamente el título para un canal como Crónica, pero era TN. Lo cierto es que había sido así, como decía en el noticiero. Y l a víctima era Tiano: al cuerpo no lo mostraron en ningún momento. En cambio, la cámara enfocaba constantemente el frente de entrada de la casa en la cual vivía. En un momento, desde la ventana se observó a alguien que corría la cortina para mirar hacia fuera. La cámara la enfocó y la persona rápidamente bajó
¿Lo maté? En ningún momento me encontré con él.
Salvo en el sueño que tuve en el colectivo y que omití anteriormente: nuevamente volvía a matarlo, como siempre, pero en su cara vislumbré una “X” negra, que tapaba sus dos ojos, la punta de la nariz (era el centro) y gran parte de
Ingresé en el comercio y le pedí al encargado del local si podía colocarle audio al televisor.
-Sí... no hay problema. Qué terrible lo que pasó con ese chico. ¿No?- me dijo el señor de unos 40 años aproximadamente. No le contesté su pregunta
El movilero del canal dijo lo siguiente (palabras textuales, me quedaron grabadas): “La Policía indicó que el cuerpo presentaba puñaladas de birome, o algún objeto de tal magnitud, a la altura del abdomen. Los orificios son incontables, son muchísimos”.
Deberían ser la misma cantidad de agujeros que de días que pasaron desde que nos conocimos. Y pensar que, todas las noches, durante 2 años lo apuñalaba en los sueños, serían más de 650 cortes. Una verdadera animalada.
“En la parte superior del pecho (seguía relatando el movilero) tiene una inscripción que dice: ´Te dormiste antes de verme´”.
No lo podía creer. Nadie entendía el mensaje en el cuerpo de Tiano.
Sólo yo. Todo indica que soy el asesino. Pero nadie lo sabe, hasta el día de hoy en que les revelo mi secreto.
-Qué locura la de estos jóvenes eh?- dijo el viejo del negocio, tras acompañarme en mi escucha. Ni lo miré. El impacto de la noticia me había dejado sin palabras y me producía estremecimiento. Salí del negocio sin siquiera decir “Chau”. Por la puerta pasó el 511, por lo que, si me quería ir a algún lugar, tenía que esperar unos 25, 30 minutos más. Pero ya no había apuro de ningún tipo: a donde iba, no llegué y encima me quedé dormido y maté a Tiago.
Ese mediodía, a diferencia de la mañana, hacía un calor infernal. O como diría un escéptico: “yo tenía calor”. Por ay, la situación en la que me encontraba era culpable de mi estado corporal. El resto de las personas que pasaban frente a mí parecían inmunes a los rayos del sol que encandilaban mi camino
En casa, mis viejos esperaban mi llegada con ansiedad, para decirme de todo por escaparme de la clínica. ”Estas loco, inconsciente de mierda, ¿Querés provocarnos un infarto?... Y más pelotudeces que no valen mencionar, y que, al fin y al cabo, no suman. Luego de escuchar reclamos por mi actitud, me encerré en la habitación e intenté dormir. Y lo hice eficazmente.
Me despertó el teléfono. Ya era de noche. No había nadie en casa y acudí a atender.
-Hola?-
-Hola Fede...- Era la madre de Tiano. Con una voz cavernosa me contó lo que ya sabía y me invitó al entierro de su hijo, “Mañana a primera hora”. Le di mi más sentido pésame por lo sucedido, y le dije “allí estaré mañana”
Cumplí con mi palabra, y al día siguiente me dirigí a uno de los ambientes más escalofriantes que existen. Era la primera vez que pisaba un cementerio. Siempre los trato de evitar. Pero en este caso sentía una obligación, por sobre el compromiso.
CONTINUARÁ
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