Debo admitir antes de continuar que he intentado matar al prsonaje varias veces durante la noche de ayer. Ya estoy cansado de recordar esta historia, pero sentí la necesidad de seguir, al darme cuenta que sino nunca iban a comprender el sufrimiento que genera en mí el constante recuerdo y el peso que uno carga al levantarse todas las mañanas y acordarse de esta situación.
Cuando se levantó, deberían ser las 3 de la mañana -hora exacta desconozco- se vistió con lo primero que encontró: una camisa a cuadros como las que usan los pintores en su momento de inspiración, un jean gastado y agujereado en la rodilla izquierda y zapatillas de lona blancas
Agarró una pocas monedas que tenía sobre la mesita de luz, se dirigió a la puerta, colocó las llaves en la verja, y la madre se levantó al oir la acción y el golpeteo agudo que producían un montón de llaves sin sentido, mezclados con algunos llaveros. Le excusó que iba a comprarse una botellita de agua porque realmente tenía una sed macabra.
-Andá con cuidado!- gritó la flaca envejecida ya sin voz, se quedaba difónica por las noches (presiento que era porque su habitación es muy fría y respiraba por la boca).
Sin dudas que esa noche Cristian tenía la necesidad de comprarse algo para tomar pero no se justificaba la acción de levantarse sin otro motivo, alrededor de las 3 de la mañana y caminar 7 cuadras hasta la única estación abierta por la zona.
Había algo más que debía contarme y que me enteraría en otro momento.
En la estación de servicio trabajaba un pibe muy humilde, Lucas, risueño, simpático que realmente te daban ganas de comprar algo porque te atendía muy bien a pesar del horario. Aunque esa noche, Tiano hubiese preferido evitarlo. Nos llevabamos bien con Lucas, pero entre ellos, cuando se quedaban solos, mucha charla no había.
-Qué haces locura a esta hora?! no podes dormir?- riéndose siempre de buen humor. Uno sabía que no se reía de la persona sino que estaba contento de verla, como agradecido que le vayas a comprar en esas noches tediosas que parecen tan largas que se vuelven un castigo para los trabajadores nocturnos.
-No.- esa fue la respuesta de Tiano. "No". Rotundo, seco. La cara sonriente de Lucas se volvió todo un símbolo de la situación. Mantuvo la sonrisa, porque era propia de él y no sabía como sacarla disimuladamente, pero sus ojos y cejas se echaron con las puntas lejanas de la nariz, hacia abajo, mostrando todo un rostro incómodo por la situación.
-Que vas a llevar?- preguntó titubeando. Si uno hubiese estado allí podría haber pensado que Tiano le estaba robando.
-Dame un agua mineral y voy a hablar por teléfono- casi murmurando respondió Tiano.
-Pasá por la que quieras- sintió que de esa forma se sacaba un peso de encima.
Tiano entró en la cabina número 6. Estaban todas vacías y la más lejana era precisamente esa. Le gustaba el 6. Pero también quería estar bien lejos para que Lucas no escuchase nada. Marcó mi celular, primero. En el momento que empezó a sonar recordó que le habia comentado que me lo había olvidado en lo de Laura y que lo pasaría a buscar por la mañana antes de ir al trabajar.
Por lo que, sin dudarlo, llamó a mi casa. No le importaba que fueran las 3, 4 de la mañana. Era importante que se comunicase conmigo. Pero para que alguien atendiese en mi casa, debió llamar unas cuantas veces. Y ese alguien no fui yo. Mi hermana mayor -que de mayor sólo tiene los años porque, como diría mi abuelo, todavía adolesce- atendió y luego comenzó a gritar mi nombre desde el comedor.
Los gritos -me aseguraron los vecinos- los escucharon todos en el barrio, menos yo. El sueño, al que me veía sumergido con placer y profundidad, había incorporado los ladridos de mi hermana en la trama. Pero todo se hizo realidad cuando mi hermano, cansado de escuchar a mi hermana me golpeó en el ligamento iliotibial.
Presiento que no fue un golpe muy rudo, pero es hasta el día de hoy que me golpean en ese lugar y siento un dolor sólo igualable con el golpe en los genitales.
Cuando comprendí que todo se debía a que tenía un llamado esperandome, me levanté de la cama con cierta complicación, como el que no quiere hacerlo y muestra desinterés. Pero logré llegar al teléfono despierto debido a que en el trayecto me lleve puesto, con el pie derecho, la silla de la computadora que se encuentra al lado de la mesita telefónica. Eso me generó un dolor inmenso y también me hizo acordar del golpe de mi hermano en el ligamento iliotibial. Hecho por el cual el último paso lo hice rengueando.
Me llevé el tubo a la oreja pensando que debía ser Tiago, aunque mi hermana no lo mencionara en sus gritos anteriores. Me incliné sobre el escritorio de la PC, y por un momento me mantuve en silencio. Él presintió que yo estaba del otro lado. Debía haber estado esperando durante más de 10 minutos impaciente ante el escándalo que se había generado en mi casa.
-Ayudáme, por favor- dijo, con un aire de súplica. Le pregunté si otra vez le había pasado lo mismo y me dijo que no, que había sido peor.
-Estoy en la estación de servicio, si podés, vení-
-Haré lo posible- le dije tan sólo, y no pude decir más. Ni siquiera que se quede tranquilo porque ni yo no podía...
Me quedé paralizado por un instante, a pesar de que Tiano ya había colgado. Era la única persona que sabía la magnitud de los hechos anteriores y me imaginaba que lo que me quería decir no era ninguna pavada. De Hecho, no lo fue. Las manos sudaban lagunas que se iban formando en el piso. Sentí como el tubo se deslizaba de mis manos hasta caer. Y luego yo.
Desperté en la clínica Pueyrredón. Una enfermera me estaba mojando la cara con un algodón. Debía tener fiebre pero todos mis pensamientos se desvirtuaron por un momento al verla a ella... pero no por su belleza, sino por su horrible expresión como si estuviera preocupada por mí. Era una mujer que no tenía más de 30 años, grandota, los pantalones le apretaban su figura rellena al punto tal que parecía un matambre. De arriba, no tenía mucho pero lo hacía notar de gran forma que no creía que era tetona.No se parecía al estereotipo de enfermera que uno suele encontrar en cualquier clínica.
Sus ojos, sin embargo, hablaban con sinceridad. Por eso me asusté. Me preguntó si me sentía bien. Luego con cierta simpatía, la edad y qué hacía de mi vida. Interrumpí mi exposición amable para preguntarle dónde estaba mi familia y qué me había pasado. Sentía un duro golpe en la frente que luego comprobé llevando mi mano izquierda y encontrando una venda que me tapaba, a la vez, gran parte de la cabellera.
-Tu familia se fue a dormir. Es muy tarde. Mañana vendrán a buscarte- hizo una breve pausa para medir lo que iba a decir.-Te tuvimos que coser. 8 puntos- dijo. Pero presentía que todo no me había dicho. Se creía que no entendía y me hice el desentendido porque tampoco me interesaba que me dijera algo que la medicina no podía explicar.
A todo esto, recordé que Tiano me estaba esperando y necesitaba de mi. De alguna forma debía escaparme de la clínica.
(CONTINUARÁ..)